23 de abril de 2024

De la Cuba profunda a la España vacía, el viaje de un emigrante retornado

A principios del siglo XX, como tantos españoles, José Brito cruzó el Atlántico buscando una nueva vida en Cuba. Más de cien años después, su nieto Reidel ha hecho el camino inverso, y por azares del destino, se ha asentado en un pueblo de Jaén, Andalucía, en una de las zonas más despobladas de la España actual. Hoy nos cuenta su historia.

“Mi abuelo José nació en Canarias a finales del siglo XIX, y cuando tenía unos 16 años, salió huyendo del servicio militar y se fue a Cuba”.

Sus descendientes no saben exactamente cuándo y cómo fue a parar a la zona de Falcón, en la actual provincia de Villa Clara, al centro de la isla, pero sí que allí conoció el amor y fundó una familia. “Falcón era un pueblo próspero entonces, él era muy persistente y luchador, y no le fue mal trabajando en la agricultura. Ahí se casó con mi abuela y tuvieron siete hijos, uno de ellos, mi padre”.

Reidel no conoció al abuelo, pero siempre estuvo presente en su vida. “Mi papá me contaba las historias que le había hecho su padre. En el pueblo nos llamaban ‘los isleños’, que es como se conoce en Cuba a los oriundos de Canarias”.


Reidel durante la entrevista

“Yo desde que nací siempre viví allí en Falcón. Estudié un técnico en carpintería y aunque con muchas dificultades, me ganaba la vida y me gustaba mi pueblo. Pero en los últimos tiempos no ha hecho más que empeorar, y actualmente la situación se ha vuelto insostenible”.

Desde 2007, cuando entró en vigor la Ley de Memoria Histórica, recuperar la nacionalidad española se convirtió en prioridad para Reidel, que soñaba con viajar algún día al país del abuelo.

No obstante, la información que tenía para conseguir la documentación necesaria no era muy precisa. “Empecé a buscar de dónde era mi abuelo, mi papá recordaba que era de La Palma, pero no sabíamos de qué lugar exactamente. Entonces fui a la Asociación Canaria y el señor que me atendió me explicó que la isla de La Palma tiene 14 municipios y la única vía era escribir 14 cartas a cada uno de los registros. Pasado un mes empezaron a llegar respuestas negativas, hasta que recibimos la inscripción de nacimiento, del ayuntamiento de Barlovento.”

“Comencé a tramitar todos los documentos que necesitaba para mi papá, primeramente, hasta que logré llevarlo a La Habana y hacerlo ciudadano español, pero fueron unos cuantos años esperando por eso. Ya después empezamos el proceso mis hermanos y yo. Y a eso se le suman otros 6 o 7 años esperando por la ciudadanía, hasta que la obtuve en 2016.”

En 2023 finalmente consigue completar el trámite también para su hijo de 14 años, y además, tener los ahorros suficientes para el viaje y la llegada, por lo que junto a su esposa iniciaron la aventura de dejar su tierra natal para establecerse en la de sus antepasados.

“La idea inicial era ir a Canarias. Además de ser la tierra del abuelo, en Tenerife concretamente viven varias amistades y conocidos de Falcón. Pero la vida te va llevando por otros rumbos, y vinimos a parar a Arquillos”, donde a través de una amiga lograron rentar un piso, misión casi imposible en muchos sitios para los recién llegados.

Arquillos, con cerca de 800 años de historia, fue otrora un núcleo poblacional de cierta importancia, por el que incluso pasó Cristóbal Colón después de su primer viaje, en su camino de regreso a Sevilla tras ser recibido en la ciudad de Barcelona por los Reyes Católicos.

Hoy, rodeado de olivos hasta donde la vista alcanza, este municipio de la provincia de Jaén, Andalucía, cuenta con una población de 1.836 habitantes, según datos del 2016. No obstante, esa cifra parece menor a juzgar por la cantidad de casas vacías y las calles desoladas. Para Reidel, esto ha sido un escollo importante para establecerse.

“El pueblo nos ha gustado mucho, y la gente nos ha acogido muy bien, pero no hemos encontrado trabajo estable, se hace muy difícil. Arquillos no tiene fuentes de empleo, casi todos van a trabajar a Linares, Úbeda o Navas de San Juan. La mayoría de los jóvenes se van del pueblo a hacer el bachiller, para no volver”, cuenta.

Calles de Arquillos

Consiguió un empleo en una carpintería en Vilches, no lejos de allí, y a pesar de que era un trabajo de 10 horas diarias y con una paga precaria, no dudó en aceptarlo. “Pero el dueño solo utilizó mis servicios para sacar todo el trabajo atrasado que tenían, después de un mes me dijo que no tenía más y volví a quedar desempleado”, refiere. “Al inicio del verano me enrolé como camarero en el bar de la piscina municipal, pero no había suficientes clientes y por tanto no había ingresos, y solo pude trabajar unos pocos días”.

Probó suerte como carpintero autónomo, pero a pesar de su maestría para trabajar la madera, los encargos recibidos no cubrieron ni siquiera los gastos.

Meses después, y con toda la disposición a emplearse en lo que sea, aún está a la espera de que aparezca algo, “porque se me están acabando mis ahorros de toda la vida, que fue con lo que salimos de Cuba.”

A diferencia de otros lugares de España con poca población, Arquillos no cuenta con ayudas específicas para establecerse allí, tampoco con recursos suficientes para emplear a personas que podrían ser útiles para la comunidad. “Aunque nos reunimos con el propio alcalde y nos confirmó que necesitan personas con mi perfil en el pueblo, el ayuntamiento no cuenta con presupuesto para contratarme”, explica.

En casi un año, la única ayuda económica que han recibido vino de la ONG Cáritas, “que nos ha asistido con alimentos y algo de ropas y zapatos”.

Con este panorama, Brito está actualmente valorando otros lugares de residencia. “Es una pena, porque Arquillos me gusta. Es un pueblo pequeño como el mío, muy bonito, y con las condiciones básicas para vivir. Con gusto nos quedaríamos aquí, pero si no encontramos empleo, y con un niño, tendremos que buscar otro sitio para asentarnos”, dice.

El entrevistado y su hijo

No obstante, no se arrepiente ni por un momento de la decisión de venir a España. “Aunque aún no hemos encontrado la estabilidad que desearía, creo que en este país podremos ser felices y mi hijo podrá tener un mejor futuro. Por ese sueño he luchado y lo seguiré haciendo. Eso también lo heredé del abuelo”, concluye.

Texto y fotos: Natasha Vázquez y Duber Piñeiro